Iglesia : cómo está mi hermano en el Estado?
El pasado viernes 18 de septiembre , en una reunión del Celadic (www.celadic.org) realizada en la sede de Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador (www.usalvador.net) , el Profesor Luis Enrique Marius dio un dato que no por conocido deja de ser sorprendente: los funcionarios de la argentina no sólo declaran ser católicos en su mayoría, sino que también han estudiado en más de un 80% en institutos educativos católicos.
….Y podríamos pensar que allí comienza una de las contradicciones sin resolver en la relación Iglesia – Estado, que, de distintas formas, sufre nuestra nación. Reconozcamos que no es un caso único, y que la historia iglesia –estado en nuestro país siempre fue, y sigue siendo, rica en conflictos.
Cuando, a partir de las palabras del Mensaje del Papa Benedicto XVI, Pastoral Social Nacional en la figura de monseñor Jorge Casaretto, comienza a destacar que la Pobreza en la Argentina es un escándalo , la responsabilidad del hecho es una responsabilidad compartida por toda la sociedad: el Documento de la CEA “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad “, Nº 4 nos dice: ”Por otro lado, hemos tomado conciencia de que no hay democracia estable sin una sana economía y una justa distribución de los bienes, aunque entre todos debemos seguir trabajando a fin de hacerla realidad”.
Sin embargo, esta responsabilidad compartida tiene grados distintos de exigencia, y de alguna manera los que se sienten con mayor obligación son los que se sienten aludidos cada vez que se habla de “deuda social”, pobreza o exclusión. Como resalta el Cardenal Bergoglio, “la deuda social es una cuestión moral” (29 / 09 /2009), en la que la caridad cristina está ausente y a la espera de la justicia social que se retrasa.
La Iglesia, como institución, no puede callar ante las necesidades del Pueblo de Dios en la Patria terrena: la dimensión social de la fe nos obliga a ver a Cristo en el Otro, especialmente al más pobre y al excluido .Por lo tanto, no puede callar que seguimos teniendo ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres en un país que podríamos llamar con posibilidades de un desarrollo integral para todos.
La llamada a la erradicación de la pobreza como una de las prioridades del Bicentenario, para lograr que sea “con justicia e inclusión social “nos pone en cuestión a todos, pero en forma especial al sector político, tanto en el ámbito gubernamental como en la oposición, todavía sin respuestas plenas a ella.
